Estudio sobre mordeduras


El 85% de las mordeduras fatales de perro las sufren menores de 12 años.

Un estudio realizado en el Complejo Hospitalario Juan Canalejo de A Coruña, ha desterrado el mito de que son las razas agresivas y los perros extraños los principales responsables de las agresiones a los niños. Entre otras cosas, el informe ha desvelado que los ataques de perros conocidos, producidos en el ámbito familiar, constituyen el verdadero problema y que las lesiones más severas las sufren niños menores de 5 años.

Las lesiones más severas por mordeduras de perro las producen perros conocidos y afectan a niños menores de 5 años, generalmente en cara y cuello, según un estudio realizado en el Complejo Hospitalario Juan Canalejo, de La Coruña. El estudio, llevado a cabo entre 1991 y 1999, incluye 606 historias de pacientes con edades de entre 13 meses y 13 años (media de 5,09 años) atendidos de forma urgente en el hospital gallego y está firmado por Roberto Méndez Gallart, especialista de Cirugía Pediátrica del Hospital Materno Infantil Teresa Herrera, del citado Complejo Hospitalario; Soledad Ponce Yañez, enfermera del Servicio de Cirugía Pediátrica; Raquel García Iglesias, matrona del Servicio de Ginecología; María José Ruíz Marrodan, subdirectora de Enfermería, y Pilar Darriba Rodríguez, supervisora de Docencia del Hospital Arquitecto Marcide, de Ferrol.

Los expertos estiman que el 1 por ciento de las atenciones urgentes a niños menores de 12 años se deben a mordeduras de perro, lo que implica que anualmente en España unos 70.000 menores sufren agresiones de estos animales. Pese a que en la mayoría de los casos las lesiones son leves y no precisan atención sanitaria, el 85 por ciento de los casos fatales con desenlace mortal se producen en niños con menos de 12 años.

Mascota
Los resultados de este informe circunscriben gran parte del problema al ámbito familiar, pues en el 78 por ciento de los casos el perro era la mascota familiar o pertenecía a un conocido. Otros datos revelan que el 75 por ciento de las agresiones se produjeron en el lugar de residencia del perro.


Tampoco se encontraron evidencias de que fuesen las razas que tan mala prensa han tenido las responsables de la mayoría de los ataques, ya que el 38 por ciento de los canes eran pastores alemanes, el 35 por ciento cruces de diversas razas y el otro 27 por ciento lo constituían perros tanto agresivos como de los denominados de compañía.

Sin embargo, los autores comprobaron una clara diferencia en la localización de las heridas en función de la edad del niño. “Las heridas más graves suelen producirse en menores de 5 años porque son en la cara, que está a la altura de la cabeza del perro. Además, estos niños no son capaces de defenderse con sus extremidades”, ha explicado Méndez. “Si bien en algunos casos se observaron situaciones de riesgo de una agresión, en el 75 por ciento de los sucesos el perro no estaba comiendo, en el 50 por ciento no estaba en celo y en el 80 por ciento no tenía antecedentes de ataques”.

Concretamente, el 65 por ciento de las lesiones recogidas en el estudio se localizaron en la cabeza y/o cara. Las lesiones fueron severas en el 5 por ciento de los pacientes y 11 casos precisaron ingreso en UCIP (1,8 por ciento) con 48 horas de estancia media.

Secuelas
Un total de 91 pacientes (15 por ciento) necesitaron ingreso en la planta de hospitalización, con una estancia media de 6,08 días, y en 30 casos (4,9 por ciento)se registraron complicaciones infecciosas tras la sutura y limpieza. En el 3 por ciento de los niños las secuelas estéticas fueron graves y 4 niños precisaron control por parte de la Unidad de Salud Mental Infantil por cuadros reactivos postraumáticos secundarios al ataque.


El informe evidencia, por otra parte, que se producen más agresiones en verano, ya que el 65 por ciento de los ataques registrados sucedieron entre junio y septiembre, especialmente durante los fines de semana. Sin embargo, no existió relación estadística entre raza y localización o gravedad de las heridas, ni tampoco se objetivó una relación significativa entre la gravedad de las lesiones y el sexo, si bien en el 70 por ciento de los casos la víctima era un varón.

Medidas preventivas
Los autores consideran que los resultados de este estudio deberían originar un debate social y apuestan por la asunción de medidas preventivas para reducir el número de agresiones de perro, sin plantear actuaciones dramáticas contra este animal. En este sentido, consideran esencial el papel de la enfermería, tanto de primaria como hospitalaria, en la labor de concienciación y prevención social. “El mensaje fundamental es evitar que los niños pequeños estén solos en contacto directo con perros sin correa ni bozal, aunque sean mascotas y se hayan criado con el niño”, ha afirmado Roberto Méndez.


También es importante, según se indica en las conclusiones del trabajo, impedir que los niños jueguen con perros mientras los canes duermen, comen o estén en celo. No correr delante de un perro desconocido y no ignorar las señales de alarma de un animal potencialmente agresivo son otras recomendaciones.

Pero los autores estiman igualmente necesario adoptar medidas de carácter social, como impedir que las áreas recreativas públicas infantiles se conviertan en zonas de esparcimiento en libertad de animales de compañía y crear lugares especiales en ciudades. “Obviamente, el perro como mejor amigo del hombre es algo que no tiene duda y sobre el que no se plantean actuaciones dramáticas, pero la sociedad debe recordar que el perro, como animal que es, no está obligado a responder a las normas de comportamiento social. No estamos haciendo un alegato contra los perros como mascotas, sino que abogamos por una responsabilidad de los dueños, especialmente cuando deben convivir con niños menores de 5 años”.


María R.Lagoa.

Asocan (A Coruña)

Deja una respuesta