Comportamiento compulsivo

El comportamiento compulsivo u obsesivo es un trastorno de frecuente aparición en diversas especies, incluidos los perros y los hombres. La Facultad de Veterinaria de la Universidad de Tuffs (EE.UU) está trabajando sobre esta patología y ha llegado a definirla aportando sugerencias muy interesantes.

Un trastorno del comportamiento

Este trastorno se caracteriza por una secuencia de comportamientos repetitivos sin una finalidad determinada. Supone una importante pérdida de tiempo, puede producir daños físicos y alterar la relación con el propietario del animal.
Estos desórdenes están asociados generalmente con comportamientos naturales de carácter innato como el acicalamiento, el instinto de caza, el acto de comer y la locomoción.

Las alteraciones durante el acicalamiento llevan al animal a lamerse insistentemente la parte de las extremidades (lo que puede derivar en una alteración seria de la piel con engrosamiento del tejido), o a mordisquearse los “pies” y las uñas. La primera manifestación es más frecuente en perros de razas grandes y activas seleccionadas para trabajar con el hombre. no es extraño que este problema tenga asociados otros trastornos como ansiedad por separación y miedo a los truenos.

Mordisquearse los flancos y chuparse con insistencia se considera que tiene relación con el comportamiento del cuidado maternal. La persecución de la cola o de su propia sombra, y la caza y masticación de moscas se asocian la instinto depredador. Los movimientos en círculo, correr alrededor de una valla, excavar o deambular constantemente son otros problemas obsesivo-compulsivos que pueden padecer los perros.

La aparición de un trastorno u otro depende, en ocasiones, de la raza y de las experiencias vividas por el animal. Se considera un problema serio cuando compromete su bienestar, evita que se comporte de un modo adecuado o resulta en automutilación.

A menudo el comportamiento compulsivo es el resultado de una ansiedad o estrés que el perro no es capaz de controlar. Este conflicto emocional puede manifestarse inicialmente en momentos concretos (cuando sufre más estrés) y posteriormente hacerse habitual en todo tipo de situaciones.

Factores potenciales que pueden desencadenarlo son: interacción inadecuada con quienes conviven, viajes frecuentes del propietario, ambientes nuevos desconocidos (cambios de residencia, estancias en guarderías), sensibilidad a los ruidos (tormentas, aspiradoras, teléfonos, microondas) y carencia de estimulación física y mental apropiada para la raza y la edad del perro.

Tratamiento del comportamiento compulsivo

1.- Identificar la causa del conflicto; cuándo y cómo se inició el trastorno del comportamiento.
2.- No castigar al animal, ya que esto aumentaría su estrés. en ese caso es posible que modificase su comportamiento y pasara a manifestarlo sólo en ausencia del propietario.

3.- Adiestramiento en obediencia en casa o con un profesional. Dedicar unos minutos al día a hacer ejercicios de obediencia suele ser suficiente.

4.- Vigilar al perro cuando se comporte de un modo compulsivo, pero sin que él se de cuenta.

5.- Hacer ejercicio diario es una buena medida para reducir la ansiedad.

6.- Enriquecer el ambiente con juguetes nuevos que le distraigan y le mantengan ocupado. Además necesitan interacción social; si el propietario no puede pasar suficiente tiempo con el perro, podría contratar una persona para pasearlo.

7.- Establecer una rutina para los paseos, horarios de comida, entrenamientos y juego transmite seguridad a la mascota.

8.- Las dietas bajas en proteína reducen, teóricamente, la ansiedad, por la producción interna de una sustancia, serotonina, que tiene un efecto relajante.

9.- El comportamiento aprendido interrumpe las conductas indeseadas mediante el entrenamiento del perro a responder a una orden que es incompatible con la realización del comportamiento compulsivo. Además hay que enseñarle a relajarse.

10.- Tratamiento medicamentoso. Será necesario en casos crónicos.

Cachorros consentidos

En ocasiones algunos cachorros muestran una actitud agresiva, muerden fuerte lanzándose a los pies de sus propietarios que encuentran dificultades para hacerles comprender que eso no es correcto. En esas situaciones deben aprender lo que se denomina autocontrol. Esto habitualmente se lo enseña la madre, aunque a veces las hembras son muy pacientes con sus cachorros y no les ponen límites. Ésta será la ahora la tarea del propietario. Además deberá proveer al cachorro de objetos aptos para que pueda morder. Aún así, la causa del problema podría ser otra, razón por la cual es recomendable acudir a un especialista en comportamiento animal que aporte las indicaciones precisas para educarlo y evitar que se haga más agresivo.

(Revista Especies)

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